¿Quiénes somos?

En el 2013 fui diagnosticada con celiaquía, aunque en retrospectiva había presentado síntomas desde los 15 años. De un día para otro, tuve que eliminar el gluten de forma estricta y cambiar mi estilo de vida por completo.

 

Los primeros 6 meses después del diagnóstico fueron los peores. Tenía muchísima hambre, aunque estuve comiendo más que en cualquier época de mi vida. Me engordé y se me subieron los triglicéridos por comer la comida procesada sin gluten (que dicho sea de paso, el pasillo sin gluten es lo primero que recomiendan los doctores después del diagnóstico). Pasaba de mal humor y frustrada la mitad del tiempo. ¡Me hacía falta el pan y el cereal!

Una buena amiga, también celiaca, me llevó al supermercado para enseñarme a cómo navegarlo y así ayudarme. Pasamos pasillo por pasillo revisando productos: “esto no”, “esto no” y “este no” fue el común denominador. Todo lo que sí podía comer, era de 3 a 4 veces más caro. Salí peor. Fue uno de los momentos más frustrantes y decepcionantes desde el diagnóstico. Me sentí abrumada, enojada y triste.

 

En los restaurantes el desconocimiento es bastante grande. Me han dicho que el gluten “se sale” de un jamón cuando se rebana y que “no hay problema con el gluten en este restaurante porque aquí cocinamos todo muy bien y eso se quema”. También me han ofrecido comida “gluten friendly” que me ha terminado enfermando por una semana completa. Nota: el gluten ni se quema ni se sale y el “gluten friendly” no es “gluten free”.

 

Fue por esta frustración y desconocimiento que decidí investigar y aprender todo lo que podía sobre celiaquía y sensibilidad al gluten. Me di cuenta de que hay miles de alimentos deliciosos y saludables que naturalmente no tienen gluten. Me di cuenta de que los productos procesados sin gluten usualmente tienen más azúcar, más grasas, y menos vitaminas y minerales que su contraparte con gluten. Me di cuenta de que muchas recetas se pueden hacer simplemente teniendo cuidado y cambiando un par de ingredientes. Me di cuenta de que uno puede vivir sin gluten de una forma extrema e irracional y otra forma más relajada y llevadera. Me di cuenta de que sin gluten no es sinónimo de saludable.

En el 2017 me diagnosticaron con alergia al trigo, huevo, lácteos, garbanzos, soya y pescado. Fue como volver a comenzar de cero. ¿Alguna vez han tratado de hacerse una galleta sin gluten, sin huevos y sin leche? Cuesta, sí cuesta. Pero esta vez lo tomé mucho mejor. Decidí que nada me iba a detener. Voy a seguir con una vida libre de gluten, libre de alergenos, y llena de felicidad y buenos momentos.

Vivir sin gluten y alérgenos es completamente posible. Pero también lo es vivir con felicidad, salud, y rodeada de seres queridos (inclusive aquellos que comen gluten). Mi deseo es poder apoyar a los celiacos, sensibles al gluten y aquellos con intolerancias alimenticias a tener una transición más suave a su nuevo estilo de vida.

 

Melania Gamboa

Integrative Nutrition Coach

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