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"Al grano" - El fin del Alzheimer


Personas que han presenciado a un ser querido olvidar las llaves, olvidar cómo peinarse, e inclusive olvidar el nombre de sus hijos, saben que el Alzheimer es una enfermedad triste y cruel. Sin embargo, en los últimos años un médico investigador llamado Dr. Dale Bredesen ha hecho estudios demostrando que el Alzheimer no solo se puede prevenir, ¡si no también reversar!

El siguiente es un resumen del libro El fin del Alzheimer: El primer programa para prevenir y reversar el deterioro cognitivo (The end of Alheimer´s: The First Program to Prevent and Reverse Cognitive Decline) por Dale E. Bredesen.

Nota importante: Ninguna parte de este artículo está hecho para diagnosticar o tratar. Consultá con tu medico o profesional de la salud antes de hacer cualquier cambio en medicamentos o alimentación.

El Dr. Bredesen dice que el Alzehimer no es una enfermedad que se puede curar con monoterapia, es decir con solamente una pastilla o un tratamiento. El Alzheimer es causado por una gran serie de mecanismos, a la la fecha se conocen 36. El protocolo del Dr. Bredesen, llamado RECODE, no busca tratar síntomas sino más bien de identificar la raíz del problema a nivel celular para atacarlo y así evitar y reversar el daño cognitivo. El Alzhemier usualmente comienza de 15 a 20 años antes de que se diagnostique, razón por la cual se debe estar atento a factores de riesgo y potenciales síntomas.

Pero comencemos por el principio. Debemos partir de que hasta hace pocos años se creía que el Alzheimer era causado únicamente por el depósito en el cerebro de placas de una proteína pegajosa, llamada amiloide beta. Inclusive, todavía muchos profesionales siguen pensando que esta es la causa de la enfermedad. Pero esto no es así. El problema no es el amiloide beta, si no los elementos que promueven su aparición, así como la aparición de otras proteínas.

Los procesos que llevan al Alzheimer son increíblemente complejos y detallados. Para efectos de este resumen, se deben tomar en cuenta dos procesos celulares: el que produce un ‘“cuarteto de proteínas generadoras de Alzehimer” y el que produce el “duo de proteínas preventivas del Alzheimer.”

El cuarteto aparece cuando hay inflamación, infección, y daños al cerebro. Podríamos pensar que este proceso es malo. Pero en realidad es una respuesta natural de protección a amenazas. Por ejemplo, si una bacteria entra al cerebro, el amiloide beta puede atraparla y ocasionar que las células infectadas mueran. Esto evita que la infección se esparza y eventualmente esas neuronas sean reemplazadas con otras nuevas. El duo aparece cuando hay salud cerebral en general: buena oxigenación y nutrientes y es el encargado de regenerar neuronas. El problema se da cuando las amenazas al cerebro son crónicas, múltiples, incesantes e intensas. En estos casos el cuarteto estará altamente activo, generando un círculo vicioso en donde las neuronas no tienen la oportunidad para regenerarse como deben.

Cualquier tratamiento para el Alzheimer entonces debería promover la producción del “Duo preventivo” y de evitar, en la medida de lo posible, la producción del “cuarteto”. El Dr. Bredesen dice que nosotros mismos nos causamos nuestro Alzheimer. Esto podría sonar como una locura, pero ve aquí una lista de actividades que hacemos, a veces hasta diariamente, que promueven la producción del cuarteto:

  • Alimentarnos mal, comiendo alimentos que no nutren e inclusive causan inflamación en diferentes partes del cuerpo:

  • Comer panes, pastas y bocadillos llenos de gluten que abre orificios en el revestimiento de tu intestino y la barrera hematoencefálica (la barrera entra la sangre y el cerebro). Hasta cierto punto, esto es una buena noticia para las personas con celiaquía o sensibilidad al gluten, ya que al eliminar el gluten también estamos evitando este tipo de daño cerebral

  • Comer grasas trans, aceites vegetales altos en omega 6, recocinados (como en la comida chatarra) y lácteos que son altamente inflamatorios

  • Comer carnes llenas de hormonas, sal, antibióticos y factores de estrés

  • Tomar bebidas endulzadas carbonatadas que dañan nuestra microbiota

  • Tomar licor, que irrita e inflama

  • Al comer muchas veces al día sin dejar tiempo para que el cuerpo elimine amoiloide beta naturalmente, así como limpiar la “basura” celular

  • Al dormir menos de 8 horas al día, por dormir mal, por tener apnea del sueño o por dormir con luces y electrónicos encendidos (como el celular)

  • Al no hacer ejercicios

  • Al no salir al sol, disminuyendo reservas de vitamina D

  • Al estresarse, pues esto produce cortisol que daña a las neuronas. Pensá en el estrés causado por el trabajo, el tráfico, algunas situaciones familiares, finanzas, etc.

  • Al evitar interacciones sociales positivas con familia y amigos. Porque después de que mi jefe me gritó y estuve en tráfico por una hora, ¿quién va a querer poner buena cara?

  • Al consumir sustancias tóxicas como metales pesados (mercurio en el atún o plomo en calzas dentales), respirar toxinas producidas por moho o al aplicar toxinas en la piel a través de desodorantes y otros productos de cuidado personal. La intoxicación por moho es mucho más común de lo que creemos y los potenciales efectos son devastadores

  • Al consumir medicamentos como antiácidos que perjudican la habilidad de digerir comida y absorber nutrientes, o estatinas para bajar el colesterol que aumentan la atrofia del cerebro (reducción del cerebro).

  • Al fumar pues esto disminuye el suministro de oxígeno a los tejidos y lleva químicos al torrente sanguíneo

  • Al tener una mal higiene bucal, por no cepillarse o usar hilo dental, que promueve la inflamación sistémica y destruye la barrera “sangre/cerebro”

  • Al no tener ningún tipo de estimulación cerebral, por ver programas de televisión “chatarra” o alimentarse únicamente de las redes sociales, etc.

Hay que tomar en cuenta de que sí existen genes que son factores de riesgo para el Alzheimer. Entre los más importantes están APOE3, y APOE4. Tu médico puede hacer pruebas para identificarlos y saber si tenés un riesgo aumentado. Los siguientes son datos de Estados Unidos:

  • La mayoría de las personas tienen dos copias de APOE3, elevando su riesgo genético de Alzheimer por un 9%.

  • El 25% de la población tiene una copia del gen APOE4, elevando el riesgo a 30%.

  • Un 2 a 3% de la población tiene dos copias del gen APOE4, elevando el riesgo a más de 50%.

Conocer tu genética te permitiría tener el panorama claro sobre tu herencia. Pero al fin de cuentas, no podemos hacer nada sobre nuestra genética, mas sí sobre nuestro estilo de vida. En mi opinión personal, es mejor enfocarse en lo que sí se puede controlar (estilo de vida y alimentación), que preocuparse por la genética.

Existen tres tipos de Alzheimer. Esto es importante saberlo pues define el tipo de tratamiento que se debe dar. La comunicación con un médico capacitado en RECODE es vital para que haya un diagnóstico temprano y un tratamiento personalizado. Los tipos de Alzheimer son:

  1. Tipo 1 - Alzheimer inflamatorio– perjudica la habilidad para guardar nueva información, pero no afecta el habla o la capacidad para calcular, deletrear o escribir. Ocurre por infección, ya sea bacterial, viral, o por parásitos así como por una mala dieta y estilo de vida que produce inflamación en las diferentes partes del cuerpo, incluyendo el cerebro.

  2. Tipo 2 - Alzheimer atrófico: Se pierde la habilidad de formar nuevas memorias o guardar información, pero se mantiene la capacidad del habla así como la capacidad para calcular, deletrear o escribir. No hay evidencia de inflamación, y está causado por niveles sub-óptimos de hormonas y nutrientes. Responde un poco más lento al tratamiento RECODE.

  3. Tipo 1.5 – Alzheimer “dulce” – El alzheimer tipo 1 y 2 pueden ocurrir juntos y es tan común que tiene su propia categoría. En estos casos la insulina está crónicamente alta, hay resistencia a la insulina y esta ya no funciona como una molécula neurotrófica (es decir, deja de apoyar en la “limpieza” del cerebro que debe ocurrir para su buen funcionamiento). En palabras muy simple, la diabetes puede generar Alzheimer.

  4. Tipo 3 – Alzheimer tóxico –Usualmente no es hereditario pues se da por intoxicaciones (a mercurio, plomo, mohos y otros). Afecta a personas jóvenes, desde los 40 años y usualmente después de una situación estresante fuerte. Afecta la capacidad para calcular, la comunicación y la organización. En este tipo, todo el cerebro está en riesgo. Se pierden memorias viejas y nuevas, así como la capacidad para llevar a cabo acciones. La depresión y el déficit atencional está vinculado a este tipo de Alzheimer.

Hay formas de identificar, medir y tratar cada uno de los tres trastornos. Tu médico necesitará hacerte toda una serie de exámenes y luego recomendarte un programa personalizado. Si tu médico te dice que no hay cura para el Alzheimer y que quiere verte en un año para ver el progreso de la enfermedad, sin ofrecer solución, te recomiendo que busqués a un profesional en medicina funcional. Sin quitarle mérito a los médicos neurólogos y los años que estudiaron, son pocos los que conocen sobre estos nuevos tratamientos. Los médicos en medicina funcional (y ojalá uno especializado en neurología) se enfocan en buscar la raíz del problema y en hacer cambios en alimentación así como en estilo de vida, que es justamente lo que se necesita con esta enfermedad.

Posibles tratamientos:

  • Optimizar la dieta limitando el consumo de harinas y de gluten.

  • Reducir los niveles de insulina y Amoloide beta haciendo un ayuno de 12 horas cada noche, incluyendo 3 horas antes de dormir.

  • Reducir el estrés: con meditación, musicoterapia, ejercicio, enfrentando situaciones asertivamente y cambiando estilo de vida.

  • Optimizar el sueño, corrigiendo la apnea del sueño y mejorando tu rutina nocturna.

  • Hacer ejercicio de media a una hora al día, 4-6 veces por semana y moverte durante el día.

  • Estimular el cerebro a través de actividades que impliquen pensar y utilizar la creatividad y memoria. Leer un lenguaje nuevo es una excelente forma. También podés probar juegos para el cerebro, como Sudoku, trivias o Lumosity.

  • Optimizar los niveles de homocisteina, vitamina B12 , relación zinc y cobre, así como los niveles de antioxidantes con dieta y suplementos

  • Disminuir los marcadores de inflamación, como la proteína C reactiva, la relación albúmina/globulina, entre otras con buena alimentación y suplementos, incluyendo cúrcuma y resveratrol

  • Optimizar los niveles de hormonas como la T3 libre, T4 libre, TSH, pregnenolona, progesterona, testosterona, cortisol, DHEA y vitamina D con dieta, estilo de vida, luz solar y suplementos

  • Mejorar la salud intestinal y tratar el intestino permeable con probióticos, prebióticos, caldo de pollo, suplementos

  • Excluir todo tipo de metales pesados de la dieta, en tu hogar y en tus productos de cuidado personal

  • Eliminar mohos de tu hogar y trabajo

La conclusión más grande de este libro es que el Alzheimer es una enfermedad que se puede prevenir e inclusive reversar. Hay una variedad de elementos que producen daño cognitivo y estos mayoritariamente están relacionados con alimentación y estilo de vida, elementos que podemos modificar y mejorar.

Fuente:

The End of Alzheimer´s – Dale E. Bredesen

Foto:

Flickr - Neil Moralee

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